Su voz es muy particular. “Buenas noches” nos dice a todos y al voltear a ver quién era la invitada de la noche a la clase de Comunicación Estratégica, me doy cuenta que era Maritza Ruiz, el rostro más conocido de Guatemala. Lleva 23 años de trabajar en Noti7 dando las noticias a los ciudadanos que la siguen noche tras noche.
Su comienzo fue difícil. Inició trabajando en un noticiero donde solamente trabajaban hombres, su opinión no era tomada en cuenta y estuvo sin goce de sueldo por cuatro meses. Pero eso no la frenó. Ella necesitaba salir adelante por sus dos pequeñas hijas. “Fue un gran reto para mí y lo sigue siendo” nos comenta.
A lo largo de los años ha tenido experiencias muy lindas como periodista y comunicadora. Recuerda muy bien cuando tuvo la oportunidad de realizar la cobertura del reportaje del Papa Juan Pablo II en su visita a Guatemala. Él pasó muy cerca de ella, la vio directamente a los ojos y le dio su bendición. Es un momento que no olvida y que quedó grabado en su corazón.
Todo éxito lleva un sacrificio. En el caso de Maritza se ve reflejado en su familia, a quien ve poco debido a su exigente horario de trabajo. Además, su profesión le requiere estar ante la cámara los 365 días del año transmitiendo noticias nacionales, internacionales, deportivas, económicas y políticas a una audiencia de alrededor de siete mil personas. Sale del canal a la hora en la que casi todos se preparan para dormir y debe tener cuidado con el acoso que en algunas ocasiones ha sufrido. Esto sumado a las dietas que debe seguir para no alterar su imagen y a las críticas que recibe si su vestuario, el cual consigue y compra ella misma, no es del agrado de su público femenino.
Sin embargo, ha valido la pena. Ha logrado construir una carrera profesional muy sólida, ha sido convocada a participar en varias campañas de ayuda y ha recibido innumerables oportunidades laborales en el extranjero las cuales no ha tomado por lealtad a su empresa y por el amor que tiene a su familia y a su país. Ha aprendido a luchar, a ser fuerte y a pelear por lo que quiere y antes de retirarse del salón nos motiva a seguir nuestro corazón, a realizar obras que ayuden a nuestro país, a hacer de nuestra profesión una vocación y a no tener temor en la vida.
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